COMPLETOS EN ÉL

 

El Sello de Dios en las Cosas Pequeñas

¿Alguna vez te has sentido como un blanco fácil para los ataques y las tentaciones del enemigo? En medio de las luchas diarias, es fácil olvidar quiénes somos realmente y terminar viéndonos a nosotros mismos con debilidad o desánimo. Sin embargo, la Palabra de Dios nos revela una verdad completamente diferente y transformadora: "Y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad" (Colosenses 2:10).

Estar "completos en Él" significa que no nos falta nada. En Cristo, nuestra identidad está sellada y restaurada. No somos un objeto a la deriva en este mundo; somos hijos e hijas del Altísimo, redimidos por la sangre del Cordero, con todos los tesoros del cielo puestos a nuestra disposición.

1. El Restaurador frente al Destructor

El enemigo de nuestras almas trabaja activamente para destruir nuestra paz, nuestra pureza y nuestra esperanza. Su objetivo es que nos veamos huérfanos y desprotegidos. Pero frente a su obra de destrucción, se levanta Cristo como nuestro gran Restaurador.

Nuestro Salvador no nos mira con una áspera y severa repulsa, ni guarda resentimiento por nuestros errores del pasado. Al contrario, Su deseo es hacernos partícipes de Su santidad. Él no toma el pecado a la ligera porque sabe el daño que nos hace, pero Su enfoque siempre es el rescate, el amor y la restauración de nuestra alma. Él no nos fuerza a ser santos; nos invita a admirar Su carácter puro, veraz, generoso y amante, para que, al contemplarlo, deseemos voluntariamente ser como Él.

2. El Sello en la Cera: La Obra del Espíritu Santo

A menudo pensamos que la santificación es un evento único, un cambio drástico y repentino que ocurre en un momento de gran emoción espiritual. Pero el proceso de Dios es mucho más paciente, cuidadoso y constante.

Piensa en cómo se imprime un sello real sobre la cera derretida. Si golpeas el sello con fuerza y brusquedad, la cera se rompe, se esparce y el dibujo se arruina. Para que la marca quede clara, nítida y perfecta, el sello debe colocarse de manera cuidadosa y firme, presionando con constancia hasta que la cera se enfría y adopta la forma de la insignia.

Exactamente así es como el Señor trata con nuestras almas. El Espíritu Santo no implanta la nueva vida a ratos o de forma violenta, sino de manera constante. Él presiona suavemente Su carácter sobre el nuestro día tras día, hasta que Su semejanza queda grabada en nuestro corazón.

3. El Peligro de Menospreciar lo Pequeño

La verdadera felicidad y un carácter semejante al de Jesús no se construyen únicamente mediante grandes hazañas o decisiones monumentales. Se tejen en el lienzo de lo cotidiano:

"Los actos forman los hábitos y los hábitos constituyen el carácter. No hay temor de pasar por alto las cosas grandes, pero hay peligro en pasar por alto y subvalorar las pequeñas."

Nuestra vida espiritual se define en las elecciones diminutas de cada hora: una palabra amable cuando estamos cansados, un pensamiento de gratitud en medio de la rutina, un momento de oración antes de responder a una provocación. En esas pequeñas cosas es donde debemos ejercitar el alma para una santificación diaria y progresiva.

No tenemos tiempo que perder. Hoy es el día para permitir que el Amor vivient

e de Dios sea el principio que guíe cada uno de nuestros actos. Si cuidamos los pequeños detalles por amor a Jesús, los grandes momentos se cuidarán solos, porque reflejarán la solidez de un carácter que está plenamente escondido y completo en Él.

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