¿Tendría usted paz?
La paz de Cristo no es un elemento
bullicioso ni indomable, hecho manifiesto a grandes voces y con ejercicios
corporales. La paz de Cristo es una paz inteligente, y no hace que aquellos que
la llevan se vuelvan fanáticos y extravagantes. No es un impulso desordenado,
sino que es una emanación de Dios.
Cuando el Salvador imparte Su paz en
el alma, el corazón estará en perfecta armonía con la Palabra de Dios, porque
el Espíritu y la Palabra concuerdan. El Señor honra Su Palabra en todos Sus
tratos con la humanidad. Es Su propia voluntad, Su propia voz, la que les es
revelada, y Él no tiene una nueva voluntad ni una nueva verdad, fuera de Su
Palabra, para mostrar a Sus hijos.
Si usted tiene una maravillosa
experiencia que no está en armonía con las expresas directrices de la Palabra
de Dios, usted puede muy bien dudar al respecto, porque su origen no procede de
arriba. La paz de Cristo proviene del conocimiento de Jesús, el cual es
revelado en la Biblia.
Si la felicidad es conseguida de
fuentes externas y no de la Fuente Divina, será tan variable como las distintas
circunstancias la puedan hacer; pero la paz de Cristo es constante y duradera.
No depende de ninguna circunstancia de la vida, ni de la cantidad de bienes
mundanos, ni de la cantidad de amigos terrenales. Cristo es la fuente de aguas
vivas, y la felicidad y la paz obtenidas de Él jamás se acabarán, porque Él es
una fuente de vida. Aquellos que confían en Él pueden decir:
«Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.» Salmo 46:1
Tenemos razones para una incesante
gratitud hacia Dios de que Cristo, a través de Su perfecta obediencia, haya
ganado de vuelta el cielo que Adán perdió a través de la desobediencia. Adán
pecó, y los hijos de Adán compartieron su culpa y sus consecuencias; pero Jesús
llevó la culpa de Adán, y todos los hijos de Adán que corran a Cristo, el
segundo Adán, pueden escapar de la penalidad de la transgresión.
Jesús ganó nuevamente el cielo para
nosotros, soportando la prueba que Adán falló en soportar, porque Él obedeció
perfectamente la ley. Todo el que posea un concepto justo del plan de la
redención verá que no puede ser salvo mientras esté transgrediendo los santos
preceptos de Dios. Tienen que parar de transgredir la ley y aferrarse a las
promesas de Dios que están disponibles para nosotros a través de los méritos de
Cristo.
Nuestra fe no tiene que depender de
la habilidad humana, sino del poder de Dios… Cristo tiene que ser nuestra
fortaleza y nuestro refugio… La pura y viva religión se encuentra en la
obediencia a cada palabra que procede de la boca de Dios.
Hasta la próxima lectura.

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